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20 años de club, una expedición inolvidable en el Atlas

  (27.05.2026)



Timezguida 4.089 m - 24 Mayo 2026


En octubre de 2025 comenzamos a dar forma a una idea muy especial para celebrar el 20 aniversario del club regresando al Alto Atlas marroquí.

Para ello organizamos dos expediciones diferentes y complementarias. Un grupo afrontaría el ambicioso proyecto de tratar de enlazar 9 de los 11 cuatromiles del Atlas Central en una gran travesía de varios días entre refugios y collados. El otro compartiría el formato clásico de ascensión al Toubkal, Ras y Timesguida.

Programamos estas expediciones para finales de mayo porque, habitualmente, en los últimos años el Atlas llega a estas fechas con muy poca nieve y unas condiciones mucho más secas en los itinerarios normales de ascensión. Sin embargo, este año el macizo nos recibió de una manera muy diferente. Las abundantes nevadas acumuladas durante todo el invierno transformaron completamente el paisaje y las condiciones de la montaña, obligándonos a adaptar parte de los planes previstos.

El grupo del programa 9×4.000 no pudo completar la primera parte del itinerario ni alcanzar todos los cuatromiles proyectados. Sin embargo, sí consiguió ascender Toubkal Oeste, Toubkal, Ras y Timesguida, adaptándose a la montaña como tantas veces ocurre en el alpinismo.

Y, curiosamente, aquello que parecía una renuncia terminó convirtiéndose en parte de la magia del viaje.

El refugio de Tazarhart, pequeño y perdido entre montañas, regaló algunos de los momentos más especiales de la expedición al grupo del programa 9×4.000. El cambio de valle, el ambiente del refugio y las condiciones de nieve hicieron que aquella parte del recorrido tuviera un carácter muy especial.

Más adelante, ambos grupos coincidimos en el refugio del Toubkal, que encontramos especialmente masificado, compartiendo durante varios días conversaciones, té, cansancio, risas, incertidumbre, emoción y esa sensación difícil de explicar que aparece cuando un grupo de personas conecta de verdad en la montaña.

Porque al final, 20 años después, seguimos pensando que las cumbres importan… pero no tanto como las personas con las que compartimos el camino.

Y quizá por eso, más allá de las montañas alcanzadas, esta expedición ya forma parte de la historia más bonita del club.

Estas son algunas de las palabras que nos han dejado quienes la vivieron desde dentro ❤️

──────── ✦ ⛰️ ✦ ────────
Ha sido una experiencia increíble en el Atlas, compartiendo con gente con tan buen rollo y tan buena energía que he disfrutado muchísimo de la compañía. Hemos sido unos suertudos con el tiempo y los paisajes, una maravilla. Nada me da más paz que la montaña y el grupo ha sido de 10. Y encima me he reconciliado con mis botas de trekking. Mil gracias al club por toda la organización y todo el cariño que pone ❤️
C. M.
El 24 de mayo fue el Día Europeo de los Parques 2026, ¡y qué manera tan increíble tuvimos de celebrarlo! Un fraternal grupo del club Todovertical no pudo haberlo hecho mejor: extendimos la celebración a nuestro vecino país de Marruecos, inmersos en su impresionante Parque Nacional del Toubkal.
Esa jornada, en la que coronamos los preciosos cuatromiles del Ras y el Timesguida, puso el broche final perfecto a una expedición de cinco días verdaderamente especial por los valles de Azzaden e Imlil.
Una aventura inolvidable en la que cruzamos de un valle al otro y ascendimos varias de sus montañas, incluido el majestuoso Toubkal, y compartida con nuestros guías locales, que nos cuidaron con el corazón, como auténticos hermanos.
El lema del Día de los Parques 2026, "Unidos por la naturaleza", resume a la perfección el alma de esta expedición.
M. M.
Gran experiencia con personas maravillosas, contando con el mejor equipo local 💪💪
L. F.
Sinceramente, mis expectativas no se han cumplido, se han superado.
Desde el primer momento en que me lo planteó mi pareja dije que sí y tenía ganas, pero ahora tengo ganas de más.
La subida al Ras con el grupo del programa 9×4.000, una pasada. Compartir la montaña con gente con más experiencia siempre se agradece.
Me voy con amigos y con ganas de la siguiente.
Gracias por la organización, ya que el grupo de guías locales ha sido espectacular.
P. F.
No sé qué expectativas tenía de este viaje. Creo que no muchas: grupo muy grande, sin conocer a nadie… pero ha superado todas.
Solo decir que se me han saltado las lágrimas al despedirme del grupo…
Puede que con este carácter de gruñona se pueda tener otra impresión de mí, pero estoy muy agradecida. La montaña de Marruecos es preciosa, el buen rollo del grupo increíble y la calidad humana de los guías locales no se puede describir.
Es mi primera experiencia de viaje con el club y tengo claro que siempre va a tener un hueco en mi corazón.
¡Muchas gracias!
E. A.
Lo primero, gracias, pero siento decir que esta aventura no ha superado mis expectativas…
Las ha sobrepasado. 3×4.000… jajaja.
Me siento afortunada por todo lo vivido y más por la meteo espectacular que nos ha permitido coronar los 3 picos.
Todo ha encajado como un puzzle… y te confieso… en la cumbre del Ras me emocioné mucho…
Así que solo puedo repetir:
GRACIAS ❤️
T. A.
He disfrutado cada paso dado y vuelvo a casa feliz de haber participado en este proyecto de los 9×4.000 del Atlas. A pesar de que el plan inicial no se ha podido cumplir, cada día ha sido perfecto. En parte porque se nota el cariño con el que todo ha sido preparado, la pasión y el respeto por la montaña. El grupo ha fluido muy bien y ha sido fácil adaptarse a cada circunstancia.
La actividad ha tenido una parte de esfuerzo, pero ha sido fascinante: los paisajes, las rutas que pasaron de un trekking a algo más especial con la presencia de nieve…
Me llevo la sensación de desconexión total, conocer por primera vez paisajes, pueblos y formas de vida muy diferentes a la mía y el valor añadido de vivir esta aventura en equipo.
Muy agradecida también a todas las personas que hemos estado y compartido toda la aventura, incluidos guías locales y todo el personal de apoyo. Sin cada una de ellas, no hubiera sido igual.
¡Salud y mucha montaña! ❤️💚
R. S.
Cuando se puso sobre la mesa este gran proyecto llamado 9×4.000, no dudé más de un segundo en que era una oportunidad única para poder compartir unos días maravillosos entre compañeros y amigos y explorar un lugar tan increíble como lo es el Alto Atlas Occidental.
Conozco bien, por otros viajes compartidos con el club, la capacidad organizativa y de liderazgo del equipo, aparte de la ilusión y motivación que transmite, por lo que estaba garantizado que esta expedición, una vez más, sería una experiencia insuperable de principio a fin, y así ha sido.
Quiero dar las gracias a todo el grupo, empezando por su líder y continuando por todos los demás, por las risas y los bonitos momentos compartidos, por el apoyo y entrega mostrados, también por el cariño y cercanía entregados.
¡Gracias, compañeros! ❤️
R. G.
Una semana en el Atlas da para muchas fotografías y recuerdos compartidos. Entre montañas de más de 3.000 metros, senderos, pedregales, bosques de enebros y paisajes que parecían sacados de un sueño, descubrí que lo más valioso del viaje no estaba solo en las cumbres, sino en las personas que las recorrían conmigo. Han sido días de esfuerzo, de risas, de compañerismo y de emociones que permanecerán en el tiempo en mi memoria. Cuánto buen rollo hemos tenido; me ha gustado todo y no puedo estar más agradecida por la experiencia vivida y compartida con tanta gente maravillosa.
G. P.
Este viaje ha sido diferente a los que suelo hacer y esto le ha dado un valor especial. Subir el Toubkal ha sido una nueva manera de vivir la naturaleza, de tocar el cielo y conocer gente maravillosa. Por todo ello me siento agradecido de haber participado en esta aventura.
Pero sin duda destacaría el cariño y dulzura que en algunos momentos he recibido. Porque si la naturaleza nos emociona, las personas aún más.
Nos vemos en el azul, del cielo o el mar. 💙
M. T.
Cuando el club ofertó la actividad, uno analiza detalladamente el desembolso económico que le ocasionará, los días de vacaciones que le consumirá, el esfuerzo físico y mental que le supondrá…
Cuando se cierra la actividad, uno se da cuenta de la plenitud que trae de vuelta en la mochila, no solo por haber cumplido los objetivos deportivos, sino por las experiencias vividas junto a unos cuantos desconocidos, quienes, a partir de entonces, podrán ser amigos para recorrer largos caminos y coronar grandes picos.
Uno repara en que el análisis previo fue erróneo y resulta ahora absurdo, porque el valor de forjar nuevas relaciones de tan elevada calidad humana, siendo la montaña telón de fondo y espectador al mismo tiempo, es incalculable.
J. G.
A lo largo de nuestra vida pasamos por numerosos retos, objetivos y metas. Y una aventura como la del Atlas 9×4.000, cuando se nos apareció, era muy atractiva: conocer un nuevo país y unas nuevas montañas, y un objetivo de intentar conquistar esos 9 cuatromiles con un grupo de compañeros del club en una semana de vacaciones.
Hay que decir que, si no se tuvieran referencias, quizás sería arriesgado meterse en semejante aventura. Pero no. Este proyecto estaba liderado y organizado por el club. Y teníamos referencias positivas.
Ahora mismo, volando en el viaje de vuelta, reflexiono sobre todo lo vivido:
La montaña debe ganar siempre cuando se habla de seguridad por no poder cumplir los objetivos previstos. No es una derrota. Porque el alpinismo con seguridad es una victoria siempre.
Una semana de unión con mis compañeros donde los amigos son más amigos aún, los conocidos ahora son amigos y los que no conocía ahora ya los conozco. El valor de la amistad y la fortaleza de un equipo unido.
Y que un proyecto así no sale bien si no está bien organizado y cuidado. Porque en cada detalle o esfuerzo se percibe un gran trabajo.
Marruecos me ha abierto una puerta para volver. Voy a volver allí para conquistar esas montañas que no hemos podido cumbrear, para cumbrear otras nuevas montañas y para conocer más a fondo este bonito país.
Gracias por habernos juntado y por haber enriquecido los corazones de cada uno de nosotros con esta magnífica experiencia y aventura.
Chapeau!!!
J. F.
Un viaje increíble con una compañía excepcional. Así resumiría esta expedición al Alto Atlas marroquí, que ha superado mis expectativas en muchos aspectos. Los paisajes de los valles por los que hemos transitado, que solo conocía a finales de otoño, me han sorprendido con su verdor primaveral y la nieve marcando las canales en lo alto. Las rutas han sido preciosas, entretenidas y muy variadas, con senderos, pedreras, trepadas, neveros, canales nevadas y mucho sabor a alta montaña.
Los cuatro 4000s que nos llevamos en la mochila nos han regalado además vistas espectaculares de estos valles, con una meteo que nos ha acompañado pese a las previsiones iniciales.
Y, lo mejor de todo, el equipo de 24 personas con el que hemos compartido estos 5 días de montaña ha sido excepcional. Tanto los que ya conocía de antes como los que he podido conocer en este viaje han estado siempre dispuestos a sumar: preocupándose por el compañero, ayudando en lo que hiciera falta, compartiendo la comida, ofreciendo una mano, una sonrisa o haciéndonos reír con una broma...
Una experiencia inolvidable de verdad, que ya se ha ganado un puesto de honor en mis recuerdos 😊
J. L. R.
Parece que estuvimos 15 días y, sin embargo, con solamente 4 días pudimos darle forma entre todos a una experiencia inolvidable.
Cuando pienso en el viaje, me doy cuenta de que la montaña ha sido mucho más que una cima o un reto físico: ha sido el escenario perfecto para conocer a buena gente y compartir momentos que dejan huella.
Desde el primer día hubo muy buen ambiente. Da gusto encontrarse con personas con las que conectas tan rápido, compartiendo esfuerzo, risas, papel higiénico, conversaciones interminables, virus estomacales y esa complicidad que nace cuando todos caminamos hacia un mismo objetivo.
Al final, lo mejor de la montaña casi nunca es la cima, sino las personas con las que llegas hasta ella.
La organización del viaje fue perfecta. Enhorabuena al equipo organizador del club. Qué decir de los guías locales: superatentos, trabajadores y superprofesionales. Me traigo una imagen muy distinta de la que me había imaginado de la sociedad marroquí. Su trato humano fue excelente, transmitiendo seguridad y haciendo que incluso los momentos más duros se llevaran mucho mejor.
Y algunos momentos difíciles hubo: la temperatura del agua del refugio, mi dolor estomacal, la pizza que no llega... pero os aseguro que de esta parte la olvidaremos pronto, dejando en nuestra retina los buenos momentos y la buena compañía.
Porque el Toubkal no ha sido solo una montaña. Ha sido una convivencia, una pequeña desconexión del día a día y una oportunidad para coincidir con personas con las que merece la pena seguir compartiendo caminos.
Y por eso siento que el final de este viaje no es un punto y aparte, sino un punto y seguido.
Seguro que volveremos a coincidir en nuevas actividades de montaña por Madrid, compartiendo rutas, esfuerzo y muchas más experiencias.
O también podemos quedar a comernos una pizza en el Restaurant Chez Pablo... jejeje
E. D.
La montaña que da paz, la montaña que hermana y la montaña que se sufre. La montaña no siempre fue mi hogar, pero desde hace un tiempo es mi refugio. La manera de desconectar del caos y conectar con la vida, la naturaleza y las personas bonitas que te encuentras en el sendero, aquellas que te ayudan a ponerte unos crampones. Hace unos pocos años que empecé a disfrutar a 150 pulsaciones, que entendí que lo duro no es la subida, sino la bajada. Y que no hay suficiente tiempo en la vida para todo lo que la montaña puede darnos.
Esta semana, más que nunca, me siento una persona afortunada. Por haber conocido a tantísimas personas que me inspiran, por los planes futuros que llegarán y todo lo que aprenderé de ellos. Por la promesa de aprender a escalar, de organizar el próximo reto. Pero, sobre todo lo demás, por haber tenido la oportunidad de disfrutar mis primeros 4miles y haberlo hecho tan bien y tan sano.
Afortunada y agradecida... al club por organizar la expedición, a la meteo por darnos estos increíbles días de sol, nubes y nieve, a los maravillosos guías, no solo locales sino también aquellos que se colocaban en el borde para no dejarnos caer, a la increíble suerte de juntar un equipazo como el nuestro... todos habéis hecho la experiencia un espectáculo, gracias.
Soy una bebé de la montaña al lado de muchos de vosotros, y espero algún día ser al menos la mitad de referente y despertar en alguien la ilusión y admiración que siento yo. Que quizá, algún día, pueda contar tantas batallitas como vosotros.
Nos vemos pronto 💜
S. V.
Tenía muchas dudas antes de venir a la expedición acerca de cuánto la iba a disfrutar. Llevar varios meses sin salir al monte, no conocer a nadie de antemano, primer cuatromil, condiciones de la montaña diferentes a lo esperado...
Al igual que me ocurre muchas veces en la vida, no podía estar más equivocado. Y qué contento estoy de haberlo estado.
Voy a empezar hablando del grupo humano que se ha juntado. Creo que ni en la mayor de mis expectativas podría haber topado con un grupo mejor. He conocido a gente en tres días a la que ya siento como hermanos, y no soy precisamente la persona más abierta del mundo.
Subir y bajar es algo que disfrutamos, pero que por momentos se hace duro, y cómo cambia la película cuando vas bien acompañado y unas risas te sacan del bucle mental.
La vida en un refugio no es nada fácil: ronquidos, ruidos, baños, no hay papel, ducha fría... Estar con gente con la que poder reírte de ello lo hace mucho más llevadero y hasta disfrutable, solo a veces.
También quiero hacer mención especial al "Grupo 2", se os va a echar de menos en el día a día, pero seguro que tarde o temprano coincidimos en el monte y en los bares.
Ahora toca, cómo no, hablar de la experiencia en el monte. Que a eso venimos.
Qué maravilla ser tan privilegiado de haber podido pisar esas cimas y, sobre todo, disfrutar del camino hasta ellas.
Como decía, venía sin experiencia a cuatromil metros y con escasas salidas en los últimos meses, y no puedo estar más contento de cómo ha respondido mi cuerpo. Ha estado por encima de las expectativas y me voy muy contentito por ello.
Si nos vamos a la parte emocional, no voy a negar que se me saltaron un par de lagrimitas subiendo a la cima del Ras. Qué ascenso más bonito con las condiciones actuales. El Toubkal es el rey, pero el Ras tiene un rinconcito guardado en mi corazón.
Ya sabéis lo que siempre nos preguntan: "¿por qué subimos montañas?". Yo nunca he sabido darle una explicación científica o racional, pero sí una emocional, y estos días son de los que reafirman esa explicación.
No quiero cerrar el texto sin darle las gracias al club, no solo por esta expedición, sino por todo lo que llevan 20 años haciendo. La montaña no cambia, pero la gente que la disfrutamos sí, y qué buenos valores imparte este club para que sea buena gente.
A. L.
El Toubkal estaba en mi lista desde hace un par de años. El orden era simple y lógico: Mulhacén, Teide y Toubkal. Un reto más, pero no podía ponerme a organizar la escapada. Cuando salió la propuesta del club no lo pensé mucho. Nunca hubiera sospechado lo que me esperaba y era muchísimo más que subir una montaña.
Eran muchas primeras veces: "primer cuatromil", primera escapada en un grupo tan grande y durante tanto tiempo, primera vez pasando tantos días sin "comodidades", aunque el equipo de guías locales no nos dejó notarlo. Todo esto me preocupaba antes de ir, pero una vez en marcha entre las imponentes cimas, mi voz interior solo repetía que "quería hacer más de esto".
Me siento increíblemente agradecida por haber podido compartir esta experiencia, que todavía no cabe del todo en mi cabeza, con la gente cuyas vivencias y relatos me sirvieron de inspiración y aprendizaje.
Es cierto que hay momentos que cambian la vida y para mí uno de ellos pasó en el Alto Atlas.
A. K.
Desde el momento en el que nos pidieron hacer este pequeño relato, terminé de entender lo poco que me quedaba de este viaje. Entendí lo que significaba esto y lo que se ha intentado transmitirnos a lo largo del mismo: ese sentimiento y esa pasión por la montaña, ese respeto y esa huella que uno deja por donde va, algo que cada vez se está perdiendo más y que se ve menos tanto en el montañismo como, en general, en el mundo.
Por eso me he aferrado a esa esencia y, como una esponja, he intentado absorber todos los conocimientos, experiencias y relatos de otras expediciones que, a mi modo de ver, son la guinda de este pastel que va a nutrirme durante toda la vida.
Empecé con un petate lleno de dudas y unos nervios que, en cuestión de horas, se fueron convirtiendo en anécdotas, aprendizaje y en un grupo de amigos que se ha forjado a base del lema "el roce hace el cariño" y con el que, estoy seguro, hemos compartido la primera de muchas aventuras juntos en la montaña.
A. R.
"El día después: Toubkal", 9×4.000 m
El día después de una carrera de montaña o de cualquier proyecto personal de montaña lo realizo bajo una premisa: la ilusión de realizarlo; es decir, sin ella no tiene sentido. Después de llevarlo a cabo, a veces me deja una satisfacción, a veces una pequeña decepción, pero siempre, siempre me deja un aprendizaje que servirá para que en el futuro las cosas salgan un poquito mejor.
En el caso que nos ocupa, los 9×4.000 del Atlas Central, me ha dejado una gran satisfacción por varios motivos que prefiero resumir en una sabia frase que alguien, en algún momento, escribió: "Cuando se viaja solo se va más rápido, pero cuando se hace acompañado se llega más lejos."
Sukram, Atlas!
J. M. S.
Es difícil añadir mucho más y no queremos repetirnos. Compartimos todo lo que se está diciendo, pero sí queremos dar las gracias de todo corazón a las personas que han hecho posible esta expedición.
Por supuesto, en primer lugar, al equipo organizador por su trabajo. Imaginamos la cantidad de horas que ha debido dedicar para que todo haya salido tan bien. Nos ha encantado la forma de llevar la expedición y los briefing.
A nuestros amigos de siempre por compartir una vez más la montaña, las risas y el cansancio. Sabéis que sin vosotros no hubiéramos estado ahí.
A los compañeros que hemos conocido y que ya son nuestros amigos. Habéis demostrado que en la montaña todos somos iguales.
Y, por supuesto, un agradecimiento especial a los guías locales, cocineros y muleros por su trabajo, ayuda y por tratarnos con tanto cariño y hospitalidad.
Muchas gracias a todos de nuevo.
M. O. + J. J. G.
Salí con un plan sencillo, casi ingenuo en su claridad: volver… y, si era posible, ir sumando cumbres en el camino, como quien marca hitos en un mapa, como quien ordena el viaje en cifras que tranquilizan.
Pero la montaña —silenciosa, indiferente a las cuentas— fue disolviendo poco a poco esa lógica tan humana de medirlo todo, de sumar…
Allí arriba, donde el aire se vuelve fino y el tiempo deja de pertenecer al reloj, entendí que no había venido a conquistar alturas, sino a habitar el esfuerzo, a sumergirme sin reservas en una experiencia que no admite atajos ni resúmenes. El refugio se convirtió en escuela: en su austeridad cabía todo lo esencial, y en su incomodidad se afinaban los sentidos. Dormir dejó de ser un descanso automático para convertirse en un acto consciente; avanzar ya no era cuestión de impulso, sino de estrategia; y cada paso, lejos de ser un trámite hacia la cima, adquiría el peso íntimo de lo necesario.
El ritmo, lento y sostenido, me enseñó que la montaña no se recorre: se negocia. Con el cuerpo, con la altitud, con esa conversación silenciosa que uno mantiene consigo mismo cuando ya no quedan distracciones posibles. Y en ese diálogo apareció algo más honesto: mis capacidades, sí, pero también mis límites; mi fortaleza y también aquello que no depende de la voluntad ni del entrenamiento, sino de una genética caprichosa que hay que aceptar con humildad, casi con respeto.
En medio de esa exigencia, sin embargo, emergía una calma inesperada. La belleza no era un premio al final del esfuerzo, sino una constante que lo atravesaba todo: en la luz sobre la arista, en el viento que dibujaba formas invisibles, en el silencio compartido con otros cuerpos igualmente cansados y presentes. Aprendí a no mirar alrededor como espectador, sino a formar parte de lo que veía, a dejar que el paisaje ordenara por dentro lo que fuera necesario.
Y, sobre todo, entendí que nunca había estado realmente solo y que esas frases quizá carecían de sentido: “soy compañero de nadie y viajo solo en mi vagón”. La montaña, que a veces parece un ejercicio de individualidad, se desvela como un espacio profundamente colectivo. En la convivencia —en la espera, en el gesto pequeño de quien comparte agua, ánimo o silencio— se construye una forma distinta de avanzar. Una más lenta, quizá, pero también más sólida. Más humana.
Las cumbres, que al principio fueron objetivo, acabaron siendo casi circunstancia: muebles en el recorrido de algo mucho más profundo. Llegaban… y pasaban. Como todo lo que importa menos de lo que creemos.
He vuelto distinto. Con menos prisa y más horizonte. Con la intuición clara de que los próximos objetivos no estarán definidos solo por lo que se puede medir, sino por lo que merece la pena vivir.
Porque, si algo he aprendido —grabado no en la memoria, sino en el cuerpo—, es que hay dos formas de recorrer el mundo —y la vida—:
Una es rápida, directa, eficaz.
La otra es más lenta, más incierta… y, sin embargo, mucho más rica.
Y en esa elección, hoy lo tengo claro:
si quieres llegar rápido, ve solo.
Pero si realmente quieres llegar lejos…
ve acompañado.
F. J. S.
Cuatro días que el tiempo no borra,
bajo el cielo infinito del Atlas Mayor,
donde el viento sacude, recorre y adora
las piedras que guardan el alma y el calor.

Partimos al alba con polainas puestas,
los bastones al hombro, las dragoneras al viento,
el corazón lleno de dudas y apuestas
frente al Toubkal de roca y tormento.

Es perogrullo decir que la cumbre
no es solo la cima que marcan los mapas;
es la gente que brilla con propia costumbre,
la manada que crece cuando el frío te atrapa.

Como el amianto que nace del fuego
y resiste el calor sin rendirse jamás,
así resistimos, sin miedo ni ruego,
forjando unos pasos que nunca se van.

Gran liderazgo de mirada serena,
que guía sin mandar y enseña callando,
que convierte el esfuerzo en algo que suena
a hogar, a familia, a seguir caminando.

Gente maravillosa cruzó mi camino,
extraños al alba, hermanos al fin,
compartiendo el esfuerzo, el pan y el destino,
una manada sin límites ni confín.

Aprendí que la fuerza no es solo del cuerpo,
que el silencio en la cumbre también tiene voz,
que caer y levantarse no acerca al infierno,
sino a algo más grande que uno solo, que dos.

Volveré con el polvo del Atlas en botas,
con el frío del Toubkal grabado en la piel,
con el eco de risas, de pasos y notas
de quienes me enseñaron a ser más fiel.

A la montaña, a la manada,
a cada tropiezo, a cada amanecer,
gracias por mostrarme que somos manada
que crece al darse, al andar, al querer.


Ha sido una pasada todo lo que transmite el club, espíritu montañero old school del bueno. Me ha parecido fascinante ver la profesionalidad, cómo se aconsejaba y revisaba material, así como levantarse a las 4 de la mañana para dar apoyo a todos los componentes del equipo.

¡¡¡¡¡¡Respeto máximo!!!!!!
J. V.
 
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