En lo alto, donde el viento clama,
se alza imponente la gran montaña.
Desde la cumbre su esencia aguarda,
la huella viva de quien la alcanza.
Un ojo abierto, fiel centinela,
muestra su rostro sereno y vivo.
Ventana al alma de nuestra sierra,
faro de piedra, faro encendido.
Nos llama la cumbre cada mañana,
con voz de viento y de eternidad.
Cada mirada, emoción cercana,
cada ascenso, respirar libertad.
La Maliciosa, reina del Guadarrama,
nos llama siempre a regresar,
silencio vivo, tierra seca y retama,
y eterna pasión por su cumbre alcanzar.